Hay voces que están pidiendo tramitar un proyecto de ley que busca que menores de edad desde los 16 años paguen con cárcel de adultos los delitos que comenten, sobre todo en caso de ser reincidentes. También se busca bajar la edad penal a los 13 años.
Por Xevastian Izaguirre
- La presente crónica es un trabajo desarrollado para el curso «Redacción«, de tercer semestre de Periodismo en la Universidad Finis Terrae, a cargo del profesor Mauricio Ávila.
Cada cierto tiempo surgen las voces que piden tramitar un proyecto que condene con cárcel para adultos a jóvenes desde los 16 años. Ante esto me surge la siguiente duda: ¿a qué se debe que haya tantos menores de edad cometiendo delitos?, ¿cuál es el factor? Para entenderlo mejor decido adentrarme en lo más profundo de Pudahuel Sur, en “Las Lagunas”, como llamamos a ese sector quienes vivimos en la zona.
En este lugar se ubica la mayor parte de los ladrones y narcotraficantes de la comuna, en donde, sobre todo en el caso de los ladrones, muchos de ellos son menores de edad, siguiendo la tónica de los últimos años. Según datos del Ministerio Público, la cifra de menores de edad infractores de la ley en 2023-2024 alcanzó un récord en los últimos siete años.
Para ver la realidad con mis ojos, llego a la casa de “El Paleta”, un joven de unos 17 años que, de solo verlo, uno se pregunta su edad, ya que aparenta más años. Con él se encuentra el “Walo”, su mejor amigo y compañero de delitos, de tan solo 16 años. Una vez con ellos, nos dirigimos a donde suelen juntarse “las moskas”, como llaman a los ladrones en Pudahuel.
Pese a que los conozco hace tiempo, ya que somos de la misma población, nunca he pasado un día con ellos viendo cómo es su cotidianeidad. Ya en el punto de encuentro me siento un poco nervioso, no porque vaya a ver o escuchar algo que no haya conocido antes, sino más bien por la sensación en el aire de que algo puede pasar en cualquier momento.
Mientras ellos hablan de los robos que hicieron ayer y los que piensan hacer a la noche, empiezo a ver el ambiente alrededor. Calles mal pavimentadas, llenas de basura, murales de fallecidos por todas partes; o de equipos de fútbol y por supuesto un fuerte olor a marihuana que no puedes pasar por ahí sin sentirlo. Luego, comienzo a verlos a ellos, vestidos con ropas de marcas caras, lo que contrasta con la precariedad de la población en que viven. Me confiesan que gran parte de la ropa que usan es robada de las casas de los “cuicos”, a quienes dicen no odiar, pero que sí son las victimas frecuentes de sus ilícitos.
A medida que transcurre el día, vamos a almorzar a la casa del “Walo”. Al entrar veo fotos de su padre por toda la casa. Fue asesinado hace algunos años en una barbería por un ajuste de cuentas. El papá del “Walo” era traficante, y cada vez que lo recuerda jura vengarse del “antichoro” que lo mató, lo que ya hace darme una idea de cómo entra este adolescente en el mundo delictual a una edad temprana, pues según sus palabras, “es lo único que sé hacer”.
«Yo no tengo familia, nadie depende de mí, pa’ qué voy a cambiar»
Cuando sufrió la pérdida de su padre, el “Walo” decidió dejar el colegio para dedicarse netamente a delinquir. Cuando le pregunto si algún día piensa en cambiar de vida, me contesta que la única forma de parar de robar es que lo maten. “Yo no tengo familia, ninguna weá, pa’ qué voy a cambiar de vida si al final nadie depende de mí, yo nomás”, dice, dejando en claro la desesperanza que siente de un mañana mejor.
“El Paleta” se suma a la conversación y si bien tampoco piensa en cambiar de vida, la forma en que habla me hace pensar que, tal vez en su caso, sí está más abierto a la idea de cambiar y en algún futuro ser otra persona. Lo pienso cuando me muestra una foto de su hijo, ya que fue papá a los 16 años; y de paso me afirma que espera que este no sea como él.
Al terminar de almorzar las colaciones de comida china, empiezan a preparar las cosas para salir en la noche a “salvarse” (robar), como dicen ellos. Planean dónde irán, qué harán, qué buscarán en específico e incluso qué vestuario usarán; mientras los escucho pienso en qué tan diferentes serían sus vidas si usaran esa planificación e ingenio para otras cosas. Luego viene lo más sorprendente, que es la cantidad de armas y municiones que poseen y usan en sus atracos. Al igual que el Mercedes Benz alta gama que utilizan para ir a robar. “La nave”, como la llaman. Y me admiten que es “flaiteada” (robada).
Antes de partir, hacen sus especies de rituales que varían en cada uno. Para el “Walo”, consiste en fumar mucha marihuana, consumir pastillas y escuchar música. Pero, nuevamente quien me sorprendió es “El Paleta”, que solo hace una videollamada con su hijo y su polola, a quienes les promete volver y “consumar para que anden al nivel” (concretar el robo para tener un mejor nivel de vida). Me subo al auto con ellos y antes de irse al sector oriente de Santiago me van a dejar a mi casa.
Luego de pasar un día con ellos logro entenderlos un poco más, por qué se dedican a delinquir. Pero, más me preocupa que no quieran salir, o peor aún, que no puedan salir.
*Los nombres y lugares han sido cambiados por razones de seguridad.
*Las imágenes que ilustran esta nota fueron adaptadas con Inteligencia Artificial


