Doce años después de su primera candidatura, Franco Parisi vuelve a buscar la presidencia. Sin experiencia parlamentaria ni cargos públicos, ha sostenido su carrera desde la distancia, apoyado en un discurso antiélite y una estrategia digital inédita en la política chilena. En 2025 intenta, una vez más, convertir el desencanto ciudadano en apoyo electoral.
Por Baltazar Sánchez y Hans Niklitschek
(Este trabajo fue realizado en el marco de la asignatura Narrativa Transmedia, correspondiente al sexto semestre de la carrera, impartida por la profesora Francisca Lara).
Desde su irrupción en la política nacional, Franco Parisi ha sido una figura tan mediática como desconcertante. Dos veces tercera fuerza presidencial, nunca ha ejercido un cargo ni presentado una ley. Su poder no proviene de la institucionalidad, sino de las redes sociales y de un relato que mezcla rechazo a la élite, promesas simples y una narrativa cercana a “la gente”.
¿Cómo un candidato que en 2021 hizo campaña desde Estados Unidos, sin pisar Chile, sigue siendo competitivo en 2025? ¿Alcanza su capacidad de instalar temas para decir que “hizo algo por el país”?

La historia política de Parisi comienza formalmente en 2013, pero su construcción como figura pública venía de antes. Economista y académico, se convirtió en rostro conocido a través de programas de televisión como Los 800 en Vía X y paneles en La Red, donde explicaba temas económicos “en fácil”, con un estilo directo que conectaba con audiencias poco habituadas a seguir la discusión macroeconómica a nivel país.
Su salto a la presidencial fue disruptivo para la época. Además, en primera instancia, se presentó como independiente, sin respaldo partidario ni experiencia en cargos de representación. Su lema, “Parisi, el poder de la gente”, y su insistencia en definirse “ni de izquierda ni de derecha” condensaron un malestar emergente con la política de los consensos y con los mismos apellidos que llevaban décadas dominando el sistema. En un escenario todavía ordenado por el eje Concertación–Alianza, Parisi eligió un flanco desatendido para ese entonces: el endeudamiento de la clase media, temas como el CAE, los créditos de consumo, las tarjetas y el costo de la vida cotidiana.
En la elección del 2013, en la cual participaron nueve candidatos, el economista obtuvo un inesperado 10,11% (666.015 votos) y se ubicó como cuarta fuerza nacional, a menos de un punto de Marco Enríquez-Ominami y superando a postulantes con gran trayectoria politica establecida. No entró al balotaje entre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, pero demostró que un liderazgo sin partido podía fracturar el voto y capitalizar el descontento.
Desde una mirada histórica, este tipo de irrupción no es completamente nuevo. El historiador y director de Magíster en Estudios Internacionales, Cristián Garay, recuerda que en 1952 Carlos Ibáñez del Campo ya había apelado al malestar contra los partidos tradicionales, “bajo la inspiración de Juan Domingo Perón, apelando a la escoba que barrería a los políticos y la élite, inaugurando una política nueva”, apoyado por un partido lo suficientemente elástico como el de ese entonces, Agrario Laborista. Más tarde, Francisco Javier Errázuriz encarnó una versión menos populista, pero también externa a los partidos clásicos, aunque sin la misma base popular ni un liderazgo carismático comparable.
La diferencia con Parisi es el contexto digital. Su campaña de 2013 no solo fue un buen resultado electoral; también fue el primer ensayo de un método que combinaría televisión, redes sociales y un discurso anti-élite adaptado a una audiencia cada vez más conectada e informada fuera de los medios tradicionales. El germen de lo que después sería su “política a distancia” ya estaba en marcha.
Del fracaso de 2017 al Partido de la Gente
El impulso de 2013 no se tradujo en una segunda candidatura inmediata. En 2017, Parisi intentó rearmarse y anunció una nueva campaña presidencial, pero terminó bajándola en agosto de ese año al no cumplir con la cantidad de firmas suficientes para acreditar su campaña. En su lugar, buscó un lugar en el Senado apoyado por el Partido Democracia Regional Patagónica. Esa candidatura tampoco prosperó y quedó fuera de la papeleta, iniciando un período de relativa dispersión mediática y silencio electoral.
Este tropiezo, además, marcó un punto de inflexión en su estrategia. La figura individual y el camino independiente mostraban sus límites. La conclusión fue clara: para competir de manera sostenida no bastaba con un liderazgo personal; se requería una estructura permanente.
Ese vehículo que podría finalmente conducir para llegar al poder, se materializó el 13 de diciembre de 2019, con la fundación del Partido de la Gente (PDG), impulsado por Franco Parisi y Gino Lorenzini, fundador de la plataforma previsional Felices y Forrados. La alianza sumó dos comunidades digitales significativas: la que Parisi había construido desde 2013 y la gran base de usuarios movilizados por las críticas de Lorenzini al sistema de AFP.
El PDG se presentó desde el inicio como algo distinto a los partidos tradicionales. Su promesa central fue la “democracia digital”: votaciones telemáticas para definir candidaturas y posiciones frente a proyectos de ley, reduciendo al mínimo el rol de los demás organismos. El relato conectaba con la desconfianza hacia la élite política, y se montaba sobre el clima posterior al estallido social de 2019. Mientras el partido avanzaba en su inscripción legal (lograda en julio de 2021), Parisi ya se encontraba residiendo en Estados Unidos, desde donde comenzaba a operar como líder a distancia, a través de streamings y coordinaciones telemáticas.
Por otra parte, para Garay, que también es doctor en Estudios Americanos, el hecho de que esa campaña se articulase desde Estados Unidos no necesariamente fue percibido como contradictorio por el electorado:
“Para las clases medias y bajas, Estados Unidos es un modelo de superación personal y de éxito. El discurso anti-élite se puede dar desde fuera, y alude a sus éxitos personales. No es candidato del gobierno estadounidense y recoge lo que la Encuesta Bicentenario muestra: el chileno medio admira a Estados Unidos y al liderazgo fuerte de Trump”.
Lo problemático, advierte, no es el lugar físico de residencia, sino la falta de regulación electoral frente a campañas casi completamente virtuales.
Así, a las puertas de 2021, la figura se habia renovado, Parisi ya no era solo un economista mediático. Era el líder de una organización que prometía renovar la política a través de tecnologías digitales y que se preparaba para poner a prueba esa fórmula en una elección presidencial inédita.
De seis a cero
El éxito electoral que había construido para 2021 se transformó rápidamente en un fracaso institucional. La bancada del Partido de la Gente (PDG) llegó a la Cámara de Diputados con seis integrantes de la bancada y un discurso que prometía “romper” con la política tradicional mediante la democracia digital. Sin embargo, en menos de tres años el partido quedó sin representación parlamentaria.

Antes de desarmarse, la bancada tuvo momentos de alta visibilidad e insidencia. Apoyó en bloque el proyecto de quinto retiro de fondos previsionales y en marzo de 2023, su voto fue decisivo para el rechazo de la reforma tributaria impulsada por el gobierno: la iniciativa cayó por 71 votos contra 73, quedando a solo dos sufragios de ser aprobada. En esa derrota, el rol del PDG fue leído como un golpe clave al oficialismo.
Pero el despliegue legislativo nunca llegó a consolidarse en un proyecto coherente. El primer quiebre ocurrió en diciembre de 2022, cuando los diputados Yovana Ahumada, Víctor Pino y Roberto Arroyo renunciaron al partido. En sus declaraciones, Ahumada y Pino denunciaron “insultos groseros” de otro diputado del PDG y la falta de respaldo de la directiva nacional, subrayando la ausencia de Parisi en medio de la crisis.
Más tarde, en 2023, Gaspar Rivas fue expulsado de la colectividad. El cierre del ciclo llegó en abril de 2024 con la renuncia de Karen Medina y Rubén Oyarzo, último núcleo leal al liderazgo de Franco Parisi. “No hay un proyecto político en el partido, solo negocios y chantajes”, afirmó Oyarzo al explicar su salida.
Desde una perspectiva histórica, Cristián Garay observa en este desenlace un patrón conocido: “El populismo de izquierda y de derecha tiende a esto. A buena parte de los partidos populistas les pasó lo mismo: crecieron hongos y desaparecieron”.
Chile, añade, venía de un sistema estructurado en tercios, pero las innovaciones electorales facilitaron la aparición de colectividades, con partidos de vida corta y fuerte personalismo.
“Los partidos populistas siguen un liderazgo y un carisma; se muere el líder y tienen problemas de sucesión y de coherencia. El Partido de la Gente nunca constituyó un partido disciplinado ni grande”, resume Garay.
El resultado es contundente: para 2024, el PDG había perdido todos sus puestos en la Cámara, llevando al extremo la contradicción central del fenómeno Parisi: alta capacidad de irrupción electoral, baja capacidad para sostener un proyecto institucional.

Deuda de alimentos, denuncias en EE.UU. y el silencio dentro del PDG
La trayectoria de Franco Parisi también está atravesada por polémicas que, a más de una década de su irrupción, siguen siendo parte inseparable de su figura pública. Entre ellas, la millonaria deuda de pensión de alimentos con sus hijos mayores cifra que superaba los $200 millones en 2021 y la denuncia por acoso sexual interpuesta por una estudiante durante su etapa como académico en la Texas Tech University, caso que luego influyó en su salida de la Universidad de Alabama. Aunque la denuncia no derivó en consecuencias judiciales, sí quedó registrada en medios estadounidenses y chilenos, afectando su carrera académica y su reputación.
Estas controversias fueron decisivas para explicar su ausencia del país en la campaña presidencial de 2021, cuando realizó toda su candidatura desde Alabama. Lo que para observadores parecía una contradicción un candidato que no pisa Chile para buena parte de su electorado fue interpretado como parte de su relato: un líder supuestamente perseguido por la élite política y el sistema judicial.
Pero dentro del Partido de la Gente, estos temas siguen siendo complejos de abordar públicamente. Para comprender cómo se procesaban internamente estas denuncias, se consultó a Patricia Alarcón, actual candidata a diputada del PDG en 2025, sobre la reacción que generaron estos episodios entre militantes y votantes mujeres del partido. La respuesta fue breve y evasiva: “Disculpa, te hago una pregunta: ¿por qué siguen tocando el tema de la pensión? Eso es algo personal y no influye en la elección ni en el partido”.
La frase sintetiza la postura predominante dentro del PDG: considerar las polémicas de Parisi como asuntos privados, restándoles relevancia política y evitando que generen discusión interna. Ese silencio contrasta con un partido que se presenta como horizontal, transparente y “de la gente”, y que hoy busca atraer a mujeres que se sienten fuera del sistema político tradicional.
El votante Parisi: clase media endeudada y anti-élite
Más allá de la trayectoria del líder y de su partido, el fenómeno Parisi no se entiende sin mirar a su electorado. El votante del economista representa a un segmento que la política tradicional ha tendido a ver de manera fragmentada: clase media y media baja endeudada, trabajadores que sienten que “hacen todo bien” pero siguen sin alcanzar estabilidad, hogares que no se identifican con la pobreza extrema ni con las élites empresariales, pero que perciben que el sistema no está diseñado para ellos.
Según el Doctor en ciencia política y sociólogo de la Universidad Católica, Pablo Argote, este grupo no se mueve prioritariamente en el eje izquierda–derecha, sino que tiene un efoque distinto distinto: establishment vs. anti-establishment. Son personas que desconfían de los partidos, del Congreso y de las élites, vistas como distantes y autorreferentes. No buscan necesariamente desmantelar el sistema, sino alguien que pueda “ganar dentro de él” en nombre suyo.
En esa lógica, Franco Parisi encarna un liderazgo aspiracional:
Ese diagnóstico se refleja en el testimonio de Felipe Muñoz, votante de Parisi y vecino de Maipú, que describe así su opción:
“Soy de Maipú y siento que nunca nadie se preocupa de la clase media. Siempre hablan de pobreza o de empresarios, pero del que trabaja todos los días y aun así apenas llega a fin de mes… de ese no habla nadie. Yo no recibo bonos ni ayudas, pero tampoco soy cuico; estoy en ese medio donde quedai botao, sin que el sistema te mire. Parisi fue de los pocos que habló de nosotros, de la gente que se saca la mugre para pagar arriendo o mantener su casa. (…) A mí no me importa si es de izquierda o derecha, me importa que hable de cómo llegar mejor a fin de mes, porque esa es la pelea real.”
La narrativa es recurrente en los estudios sobre su electorado: los votantes no esperan de Parisi un ideólogo ni un cuadro partidario, sino alguien que “rompa el pendulo”, ponga temas incómodos sobre la mesa y hable en un lenguaje cotidiano sobre problemas concretos como el CAE, las deudas personales, la inseguridad y el costo de la vida.
El contraste no es solo con la élite económica, sino con un tipo de política percibida como atenazada por tecnicismos y debates alejados de la experiencia cotidiana.
Al mismo tiempo, Argote advierte que este tipo de liderazgo conlleva riesgos. El discurso del outsider político tiende a desgastarse con la repetición, especialmente cuando se transforma en una tercera candidatura:
“Al ser la tercera candidatura, el mensaje es menos atractivo que la primera o la segunda”, señala, trazando un paralelo con la trayectoria de Marco Enríquez-Ominami.
A ello se suman dos factores nuevos:
- La competencia por el mismo electorado con figuras como Johannes Kaiser.
- El impacto del voto obligatorio, que amplía el padrón a segmentos menos informados y menos conectados con las redes de Parisi.
En esta misma linea la alianza actual con Pamela Jiles en 2025 puede leerse como un intento por articular un frente amplio anti-establishment que cruce tanto votantes de izquierda como de derecha. Sin embargo, Argote se muestra escéptico respecto de su proyección:“Que eso sea un proyecto de largo plazo yo lo veo difícil. Basarse solo en la crítica al establishment no tiene base suficiente: siempre va a haber alguien que redoble la apuesta y Parisi puede terminar offside en ese juego”.
En ese contexto, el académico estima “probable” que el líder del PDG obtenga “un poco menos” que el 13% alcanzado en 2021.

Un fenómeno post-peak
La idea de que el liderazgo de Franco Parisi atravesó ya su momento de máxima rentabilidad electoral es compartida por el analista y consultor senior Guillermo Holzmann, quien aborda el fenómeno desde la prospectiva política. A su juicio, “el peak de Parisi estuvo en la elección pasada”, cuando apareció con una “muy buena opción de poder reemplazar a la política tradicional expresada en los partidos políticos tradicionales” y logró imponerse como referente para un segmento amplio de desideologizados, “aquellos que no están conformes ni con la izquierda ni con la derecha tradicional”.
Además, el analista sostiene que el problema vino después. La evolución del proyecto político derivó en una progresiva desintegración, no solo por la pérdida de cohesión del partido en términos orgánicos, sino también porque la conducción a distancia del líder resultó “bastante vacía de contenido en términos de propuestas e ideologías”, sin la capacidad suficiente para reemplazar a los partidos tradicionales.
La experiencia parlamentaria del Partido de la Gente (PDG) —que funcionó apenas dos años— refuerza ese diagnóstico: “Su partido no fue un aporte en los dos años que alcanzó a funcionar en el Congreso”. Señala Hollzman.
Holzmann enfatiza, además, el cambio de contexto entre 2021 y 2025. El escenario turbulento abierto por el estallido social ya no tiene la misma centralidad, surgieron nuevas fuerzas políticas y el sistema opera hoy con inscripción automática y voto obligatorio, configurando un electorado “mucho más pragmático”.
En ese marco, Parisi “no tiene la credibilidad justamente porque no tiene la experiencia de gobierno” y porque su proyecto, tras la disolución del PDG, carece de una plataforma institucional robusta.
Frente a las menores posibilidades competitivas, Holzmann plantea una hipótesis sobre la motivación de la nueva candidatura:
“Tiene mucho más sentido aprovechar ese envión de la elección pasada para hacer un buen negocio y recolectar los recursos que la propia institucionalidad electoral chilena le entrega a los candidatos”, especialmente considerando que ya contó con un partido político y una base electoral relevante.
Entre el impacto y la obra
En 2025, Franco Parisi vuelve a competir por La Moneda tras regresar al país y rearticular el Partido de la Gente (PDG) en torno a su liderazgo, ahora con el apoyo de Pamela Jiles y Pablo Maltés como vocero de campaña. Las encuestas lo siguen ubicando en un rango de dos dígitos, disputando el tercer o cuarto lugar, pero lejos de la centralidad que tuvo en el ciclo inmediatamente posterior al estallido.
La pregunta que da título a este reportaje: ¿aporte real o humo? Si el criterio son las políticas públicas, la legislación aprobada o la consolidación de un partido con incidencia sostenida, el saldo es cero: no hay leyes que lleven su sello y la bancada que emergió de su triunfo en 2021 se desarmó en tiempo récord. Desde esa perspectiva, su aporte institucional es mínimo.
Sin embargo, medir el fenómeno solo por su producción legislativa omite otros efectos. Parisi obligó al sistema político a hablar del endeudamiento de los hogares, de la vulnerabilidad de la clase media, anticipó el uso intensivo de plataformas digitales en campañas y demostró que un liderazgo ajeno a la élite tradicional podía transformarse en tercera fuerza con una mezcla de populismo digital, lenguaje cotidiano y apelación anti-establishment.
Doce años después de su primera irrupción, el balance es ambiguo: más impacto comunicacional que obra institucional, más capacidad para expresar el malestar que para traducirlo en cambios duraderos. Pero mientras siga existiendo un segmento de clase media endeudada que se sienta fuera del radar del sistema, la posibilidad de que figuras como Parisi vuelvan a encontrar espacio electoral seguirá abierta.

